Y entre la multitud cada que me acercaba a uno de esos puestos con mesas y electrónicos sentía el latir de mi corazón, esperanzado, miedoso y enojado, inevitable pensar de dónde tanta cosa habían sacado, inevitable pensar mal, sospechar que eran de otros pobres que ahora andaban como yo, ¿Que qué vi? cientos de celulares, decenas de cámaras y unas cuantas computadoras... pero nada nada nada de eso era mío, di dos vueltas pero fue en vano... y es así como la esperanza de recuperar mis cosas terminó y decidí dar por cerrado el caso
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