La decepción que te congela los ojos, te tuerce la garganta y no sale ni desaparece, se queda a medias es el orgullo su muralla que contiene las lágrimas y el enojo.
Nunca he creído que los corazones se sequen, tal vez se acostumbran o resignan a creer que son felices con la sombra de lo que querían. Tal vez muchas cosas, pero qué he de saber yo de esto.
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